El leproso viola la ley al acercarse a Jesús, el Señor no sólo lo cura, también lo toca, y al tocarlo se pone por encima de la ley. Por eso Jesús le dice que no diga nada, pero el leproso lo cuenta a todo el mundo y entonces el Señor ya no puede entrar en el pueblo, ahora es él el impuro. El Señor se jugó por el leproso como se juega por nosotros. Le mostró su confianza en él para ganarse la confianza de él. El leproso defraudó esa confianza ¿Nosotros confiamos en Jesús?
Marcos 1,40-45

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