Así como yo los he amado ámense también ustedes los unos a los otros
Juan 13, 31-33a. 34-35
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
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Así como yo los he amado ámense también ustedes los unos a los otros
Juan 13, 31-33a. 34-35
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Las palabras de una homilía expresan la fe de un corazón que en ese momento habla; pero en realidad cada homilía es como un eco, que repite infinidad de corazones que antes hablaron de esa misma manera. Es la misma palabra que fue pasando de corazón a corazón y que en ese instante vuelve a sonar con absoluta novedad.
En ese misterioso momento, la palabra conservada durante siglos en los libros y los corazones vuelve a pronunciarse actualizada y viva. La misma palabra de Jesús vuelve a sonar. Se hace carne, materia, en el sentido más concreto: al pronunciarse una palabra unos pulmones elevan un aire que pasa por unas cuerdas vocales y en forma de ondas recorre el espacio, al que hace vibrar, llega a unos oídos, a un cuerpo, conmueve un corazón... En un lugar de ese cuerpo queda, es guardada, germina poco a poco y va brotando hasta que produce frutos en actitudes, respuestas, gestos, actos, decisiones, formas de vida...
Las palabras apenas pasan por el aire, y si quedan fijadas solamente por escrito poco a poco se marchitan; únicamente en el corazón del hombre pueden ser guardadas, estar vivas y crecer.
J.O.
PALABRA CLARA
La homilÃÂa es un momento especial de la celebración. Después de la lectura de los textos de la Sagrada Escritura, habla el sacerdote sin repetir fórmulas litúrgicas u oraciones. Habla él mismo y desde sus convicciones, sus ideas, sus experiencias; enseña, exhorta, ilustra con ejemplos, opina sobre algún tema. Tanto para quien habla como para el que escucha, es un momento especial, distinto al resto de la celebración. La atención se desplaza directamente hacia la persona que habla y hacia los temas que trata. Es, por decirlo asÃÂ, el momento más imprevisible del rito y por eso también atrayente. Se espera que el sacerdote diga algo que afecte la vida de quienes escuchan, que hable de manera convincente y clara. Se esperan palabras de ese hombre concreto para este auditorio, también concreto, en este dÃÂa, en esta celebración. La palabra del predicador durante la homilÃÂa brota del texto bÃÂblico, leÃÂdo momentos antes, y relaciona esos textos con las situaciones personales o comunitarias de quienes escuchan. Lleva las palabras de las escrituras hacia el corazón de los que escuchan y los corazones que escuchan son invitados no sólo a escuchar. La palabra se aproxima a nosotros más porque se “elevanâ€? los corazones hacia la Palabra, que porque ésta “desciendaâ€? hacia ellos. J.O. PALABRA CLARA

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