Se acercó una viuda pobre y echó dos monedas. Llamando Jesús a los discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir."
Marcos 12, 38-44
"¿Qué quieres que haga por ti?" El ciego le contestó: "Maestro, que pueda ver." Jesús le dijo: "Anda, tu fe te ha curado." Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Marcos 10, 46-52
Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Entre ustedes no debe ser así: el que quiera ser grande, sea servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos."
Marcos 10, 35-45
--
"¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!" Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: "Hijos, ¡que difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Ellos se espantaron y comentaban: "Entonces, ¿quién puede salvarse?"
Marcos 10, 17 - 30
--
"El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos"
Marcos 9, 30-37
"el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará"
Marcos 8, 27-35
Y le dijo: "Effetá", esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y hablaba sin dificultad.
Marcos 7, 31-37
"Escuchen y entiendan todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Marcos 7
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Juan 6:56
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Juan 6,41-51
"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed."
Juan 6,24-35
Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban y lo mismo hizo con los peces, todo lo que quisieron.
Juan 6:11
Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos,
pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Marcos 6:34
Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en un lugar no los reciben ni los escuchan, al marcharse sacudan hasta el polvo de los pies...
Marcos 6,7-13
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Marcos 6,1-6
Le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Marcos 5,21-43
¿No te importa que nos ahoguemos?
Mc 4, 35-41
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.
Jesús nos llama amigos porque nos ha dicho lo que sabe del Padre, nos ha confiado su secreto, nos ha abierto el corazón. Es un amigo que da la vida por nosotros. Estamos invitados a cultivar su amistad, a cuidarla y hacer que vaya creciendo y pueda dar frutos. Es importante escuchar este llamado a la amistad en este tiempo en el que desde muchos lugares se nos invita a cultivar la enemistad, en el que se nos pretende engañar haciéndonos pensar que lo autentico, lo verdadero es el enfrentamiento y que la amistad es siempre de alguna manera engaño o estrategia. Jesús es amigo, nos enseña a ser amigos y nos dice que haciendo crecer la amistad entre nosotros va creciendo la amistad con Él.
Jesús vuelve a Cafarnaúm y le presentan un paralítico para que lo cure, mirando la fe de los que lo traen le dice “tus pecados te son perdonados”, después, mirando la incredulidad de otros lo hace caminar. El signo es claro: al perdonar los pecados se está manifestando como Dios y las curaciones son para eso, para que lo reconozcamos como nuestro Dios y Señor.
El leproso viola la ley al acercarse a Jesús, el Señor no sólo lo cura, también lo toca, y al tocarlo se pone por encima de la ley. Por eso Jesús le dice que no diga nada, pero el leproso lo cuenta a todo el mundo y entonces el Señor ya no puede entrar en el pueblo, ahora es él el impuro. El Señor se jugó por el leproso como se juega por nosotros. Le mostró su confianza en él para ganarse la confianza de él. El leproso defraudó esa confianza ¿Nosotros confiamos en Jesús?
Marcos 1,40-45
¿Vamos a pescar? Esta pregunta de apariencia trivial se convierte en inmensa si es pronunciada por Pedro poco después de la muerte y la resurrección de Jesús. La vida cotidiana sigue su curso. Lo han escuchado y seguido a todas partes durante tres años, lo han visto muerto y después resucitado. Pedro debe sentir que desde que aquel día que dejó las redes y la barca por seguirlo, un huracán había pasado por su vida. Hasta lo había visto resucitado. ¿Y ahora? Ahora se van a pescar. No es un paseo, es ir a ganarse la vida. Esa vida siempre empecinada en seguir adelante aunque uno haya visto morir y resucitar a alguien.
Mientras tanto en la orilla otra escena de todos los días: un hombre prepara fuego y pone sobre él un pescado. Sus manos, con cicatrices, ¡esas manos!, vuelven a hacer lo mismo: meterse en la vida cotidiana de quienes ama. Está preparando la comida para ellos, pero se pone en el lugar del que está necesitado: “Muchachos, ¿tienen pescado?” Grita desde la costa.“¡Es el Señor!”. La vida sigue.
Jn 21,1-14
Job nos describe el corazón del hombre angustiado que no encuentra sentido a su vida. Es la peor tentación y la que abre la puerta a todas las tentaciones: todo es para nada.
El Señor predica, cura, expulsa los malos espíritus. Levanta, pone de pie, a la suegra de Pedro y a todos los que se acercan a Él. Jesús es la respuesta a todas nuestras preguntas sobre la vida, nos sacude de nuestras dudas y nos invita a confiar.
El evangelio nos muestra muy sorprendidos a los que escuchaban a Jesús. Lo que les sorprendía era que Él les hablaba con autoridad y hacia callar y expulsaba a los espíritus impuros.
Ante este texto se nos abren dos caminos. Podemos dejarnos llevar por la imaginación y hacernos nuestra propia película de satanismos o exorcismos, o, también podemos, sencillamente mirar los espíritus que hay en nosotros y que se quedan mudos, y huyen cuando nos ponemos en la presencia de Jesús.
Tristezas, odios, malos deseos, mentiras, maledicencias… ¡Cuantas impurezas! A todos esos espíritu Jesús los hace callar y los hace huir.
Al comenzar su vida pública lo primero que hace Jesús es elegir a un grupo de personas para que lo ayuden. No aparece el Mesías como lo habían imaginado. No es un hombre poderoso que doblega a los enemigos. Es un carpintero que pide ayuda.
Esto continúa hasta nuestros días. El nos pide ayuda. Él, el Hijo de Dios, es todopoderoso, pero quiere hacer las cosas con nosotros y a eso nos invita.
Comienza el tiempo litúrgico que llamamos “durante el año”, es un tiempo para celebrar la vida cotidiana. Es allí donde nos encontramos con Jesús que nos acompaña a cada paso, es ese el lugar de nuestra respuesta a su propuesta, es en la vida de todos los días el momento en el que nuestro amor a Jesús se hace gesto en el servicio a nuestros hermanos.
Jesús comienza su vida pública poniéndose en la cola de los pecadores para pedir un bautismo que no necesitaba y en ese momento el Espíritu Santo manifiesta que Jesús es el Hijo predilecto del Padre. Así será durante toda su vida pública, lleno del Espíritu realizará milagros y prodigios; y, a la vez, estará siempre en el último lugar, entre los pecadores.
La Iglesia, a través de la liturgia nos va enseñando poco a poco distintos aspectos del misterio de Jesús. Siempre tenemos para conocer mucho más de lo que conocemos. La Navidad nos invita a renacer en Jesús, a acercarnos a Él con el corazón abierto para volver a descubrirlo como si nunca hubiéramos oído hablar de Él. Jesús es mucho más que aquello que conocemos de Él.
Jesús es la presencia de la gloria de Dios, es el lugar en el que Dios se revela a todos nosotros. Quiere nacer en nuestro corazón, en el pesebre que tenemos muy adentro nuestro.
http://homilias-textoyaudio.blogspot.com/
La alegría del Evangelio es indestructible, nace del amor a Dios y a los hermanos y Jesús nos dijo que nadie nos la podía quitar. La Madre Teresa de Calcuta es un ejemplo de alegría cristiana en medio del dolor.
Una voz grita en el desierto que el Reino de Dios está cerca y nos invita a preparar el camino ¿Qué es preparar el camino? ¿Cómo se hace?
El pesebre está en nuestro corazón ¿En dónde?
En el Adviento comienza nuestro camino hacia el pesebre, nos dejamos guiar en la oscuridad por la pequeña lucecita de la fe que transforma la oscuridad que nos rodea y también la que puede haber en nosotros.
www.joesterheld.com
Aunque nos hayan enseñado lo contrario, no siempre se gobierna con el poder de las armas, ni con fuerza, ni con riqueza. El verdadero REY es aquel a quien se escoge libremente y se le deja reinar en nuestros corazones.
No se trata de no pecar sino de hacer el bien, de desplegar toda nuestra imaginación y nuestras fuerzas para generar actitudes, gestos, obras, que sean buenas para los demás y para nosotros mismos.
Dios nos ha dado la vida ¿Qué hacemos con ella? ¿Nos conformamos con no ser demasiado malos o tenemos ganas de hacer el bien y ponemos todas nuestras fuerzas en lograrlo?
Mateo 25, 14-30
Hoy la liturgia nos invita a celebrar la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, es una buena oportunidad para reflexionar sobre la diferencia que hay entre un Templo y una Iglesia. El Evangelio nos muestra a Jesús hechando a los mercaderes del Templo. Esa es una de las diferencias, en una Iglesia se va a orar, no a negociar con Dios. Son mercaderes los que venden en el Templo y también los que compran, los que pretenden con algunas cosas o gestos recibir algo de Dios. El que ora sólo expone ante Dios su corazón.
En el día de la conmemoración de los fieles difuntos, en la homilía, invité a distinguir entre lo que es la esperanza cristiana y lo que son las ilusiones. El cristiano tiene esperanza porque para creer en la vida eterna se apoya en la palabra de Jesús Resucitado.
Otros creen en distintas formas de vida después de la muerte pero no lo hacen a partir de un dato y un testimonio, sino que sólo se dejan llevar por su ilusión, es una esperanza vacía que no se apoya en algo concreto.
Mateo 22, 34-40
http://homilias-textoyaudio.blogspot.com/
Juan está en la cárcel. Ve aproximarse el final de su vida. Ha predicado con valentía para preparar el camino del Mesías. Ha señalado su presencia: "ése es el Cordero de Dios". Pero ahora parece que nada de lo prometido se cumple, todo está a punto de terminar en un fracaso. Los enemigos de Israel son cada vez más poderosos. Entonces manda preguntar desde su encierro: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Jesús no le manda decir: "tranquilo, yo soy el mesías que esperabas". No dice eso. Dice "los ciegos ven, los paralíticos caminan..." y deja que él en su corazón diga: "sí, es él el que debía venir".
Así hace con nosotros. Nos muestra signos, y deja que nosotros digamos nuestro "sí es él", mirando esos signos.
Porque Dios no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él.
Lucas 20, 27-38
http://homilias-textoyaudio.blogspot.com/
Zaqueo era muy rico. Jefe de los publicanos. Ellos eran los que cobraban a los judíos los impuestos para los romanos. Eran traidores. Sus riquezas las habían logrado aprovechándose de sus hermanos y por eso eran odiados, despreciados. Eran pecadores e impuros, ningún buen judío podía tratar con uno de ellos.
Y Zaqueo era de muy baja estatura. Se tiene que subir a un árbol para saciar las ganas de su corazón: ver a Jesús.
El Señor lo ve: “Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.”
¿Qué vio Jesús en Zaqueo que no veía ninguno de sus hermanos? No lo sabemos. Lo único que sabemos de él es que era rico y despreciado.
Pero quería ver a Jesús y parece que fue suficiente: querer ver a Jesús y hacer todo lo posible por lograrlo.
Lucas 19, 1-10
Jesús nos conoce. Sabe que nos vamos a desanimar y nos lo advierte. Rezar no es lograr automáticamente de Dios lo que nosotros queremos sino establecer un diálogo con quien sabemos que es Dios y es nuestro Padre. Lo que importa es ese diálogo en el que nos damos a conocer y El nos va mostrando su corazón y nos va enseñando lo que es bueno para nosotros.
Si lo pensamos un poco sería un peso insoportable saber que Dios va a hacer todo lo que le pidamos. Nos quedaríamos sin rumbo. Desde el primer momento estaría claro que no estamos hablando con Dios.
El Señor nos pide que pidamos con confianza a quien nos conoce mejor que nosotros mismos y nos invita a no desanimarnos cuando experimentemos que los planes de Dios son más grandes que los nuestros. No es verdad que nos conocemos como creemos conocernos, El sí nos conoce.
Nos invita a no desanimarnos, a no perder el ánimo, el alma, la fuerza, el coraje. Sabe que es muy dura la sensación de estar abandonados de la mano de Dios pero se encamina hacia Jerusalén en donde exclamará “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” Ése es nuestro maestro en la oración. En realidad más que enseñarnos a rezar nos está enseñando a ser hijos.
Lucas 18, 1-8
Los leprosos gritan desde lejos, piden compasión. No podían acercarse a Jesús porque no podían acercarse a nadie. Vivían su tragedia entre ellos, al margen del mundo, lejos de todo.
¿Qué era para ellos recibir compasión? Seguramente un poco de comida o algún abrigo. Pero la respuesta de Jesús es sorprendente: les dice que vayan a presentarse a los sacerdotes. Se los dice a ellos, que no podían entrar en la ciudad, ni menos aún en el Templo. Sólo los pocos que se curaban debían ir a la ciudad y la Ley mandaba que antes de ponerse en contacto con la sociedad tenían que ir al sacerdote para que éste certificara la curación. En ese momento debían pagar, dejar una ofrenda por su purificación, si habían sido leprosos era porque ellos o sus padres habían pecado.
Pero Jesús simplemente les dice que vayan, a pesar de estar enfermos. No sólo no les daba comida ni abrigo sino que los mandaba hacia algo imposible.
Entonces sobreviene la otra sorpresa: ellos se ponen en camino. Actúan como si ya estuvieran curados y es eso lo que los cura.
Uno vuelve. Viene a dar gracias a Jesús y el Señor se sorprende. ¿Y los otros? Sólo uno ha comprendido que ya no importan la Ley, ni el Templo con sus sacerdotes. Ahora el Templo y la Ley están en otra parte y hacia ahí se dirige.
“Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias”
Ya no hay nada que pagar, solamente alabar a Dios y dar gracias.
«Levántate y vete, tu fe te ha salvado.»
Lucas 17, 11-19
Jesús les dice a los discípulos que tienen que perdonar siempre a quien los ofenda. Todas las veces que les pidan perdón ellos deben darlo.
La respuesta de los Apóstoles es un pedido que puede sorprender: "aumenta nuestra fe". Pero sí, es cierto, para vivir como Jesus pide hay que tener fe. Ellos se dan cuenta que no es una cuestion menor o de fuerza de voluntad. Es Dios el que perdona y hay que tener fe para perdonar de verdad.
Jesús también sorprende: a quien pide "aumenta nuestra fe" le contesta "si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza...", (o sea, que ni siquiera tienen una fe así de chiquita) "podrían decirle a ese árbol que se arranque de donde está y se arraigue en el mar y él les obedecería". En pocas palabras: podrían hacer cualquier cosa, hasta perdonar como Dios perdona.
Pero si con una fe así de pequeña es suficiente ¿Para qué pedir que aumente? ¿No esconderá ese pedido una excusa? ¿No será una manera de seguir postergando el perdón?
¿Por qué no miramos la fe que tenemos sin medirla, sin suponer que es pequeña? Esa que cada uno tiene es la suya, tiene el tamaño justo para ese corazón. Traslada árboles y mueve montañas.
El rico, el pobre, lo que caía de la mesa y un inmenso abismo. Jesús nos habla de la incapaciad de escuchar que tienen los ricos y todos lo somos de una u otra manera.
Ni aunque resucite un muerto y nos hable somos capaces de escuchar cuando no queremos hacerlo.
El texto: Lucas 16, 19-31
El que no renuncia a todo lo que posee
no puede ser mi discípulo
Lucas 14, 25-33
Mi espíritu se estremece de gozo en Dios
Lucas 1, 39-56
A ti se te hicieron ver todas estas cosas,
para que sepas que el Señor es Dios,
y que no hay otro dios fuera de él.
Deuteronomio 4, 32-40
No teman, pequeño Rebaño,
porque el Padre ha querido darles el Reino
Lucas 12, 32-48
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.
San Mateo 13, 54-58
Te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria
Lucas 10, 38-42
¿Cuál de los tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los ladrones?»
«El que tuvo compasión de él»
Lucas 10, 25-37
Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré
Isaías 66, 10-14
Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén.
Lucas 9, 51-62
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.
Lucas 1, 57-66. 80
¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta como sobre ascuas?
De la segunda carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 11, 18. 21b-30
Sus numerosos pecados le han sido perdonados
porque ha demostrado mucho amor
Lucas 7, 36-8, 3
Todos comieron hasta saciarse
Lucas 9, 11-17
Todo lo que es del Padre es mío.El Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará
Juan 16, 12-15
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Así como yo los he amado ámense también ustedes los unos a los otros
Juan 13, 31-33a. 34-35
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones
Juan 14, 1-6
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.
Juan 10, 27-30
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado
Juan 21, 1-19
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Juan 20, 19-31
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Lo reconocieron al partir el pan
Lucas 24, 13-35
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
Lucas 24, 1-12
Vigilia Pascual C 07
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Los amó hasta el fin... Juan 13, 1-15
Jueves Santo C 07
http://www.soplarsobrelaherida.com.ar/
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com/
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas 22, 14-23, 56
Ramos C 07
El que no tenga pecado que arroje la primera piedra
Juan 8, 1-11
V Cuaresma C 07
Tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida
Lucas 15, 1-3. 11-32
IV Cuaresma C 07
Señor, déjala todavía este año
Lucas 13, 1-9
III Cuaresma C 07
Mientras oraba, su rostro cambió
Lucas 9, 28b-36
II Cuaresma C 07
Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado
Lucas 4, 1-13
I Cuaresma C 07
Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Lucas 6, 27-38
Estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: ¿No es este el hijo de José?
Lucas 4, 21-30
Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
Este fue el primero de los signos de Jesús,
y lo hizo en Caná de Galilea
San Juan 2, 1-11
María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Lucas 2, 16-21
¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.
Lucas 2, 41-52
Navidad 2006
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
san Juan 1, 1-18
No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Lucas 2, 1-14
IV Adviento 2006
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.
Lucas 1, 39-45
María dijo entonces:
«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.
Lucas 1, 46-56
III ADVIENTO 2006
¿Qué debemos hacer?
El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto.
Lucas 3, 10-18
II ADVIENTO 2006
Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Lucas 3, 1-6
I ADVIENTO 2006
Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación
Lucas 21, 25-28. 34-36
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán
Lucas 21, 29-33
Pilato llamó a Jesús y le preguntó:
¿Eres tú el rey de los judíos?
Tú lo dices: yo soy rey
Juan 18, 33-37
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.
Marcos 13, 24-32
Esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros
Marcos 12, 38-44
Amarás al Señor, tu Dios.
Amarás a tu prójimo
Marcos 12, 28b-34
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.»
Mateo 5, 12
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!»
Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.»
Marcos 10, 46-52
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!»
Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.»
Marcos 10, 46-52
Saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo,
¿cómo no saben discernir el tiempo presente?
Lucas 12, 54-59
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
Marcos 10, 35-45
Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.»
Lucas 12, 1-7
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.»
Marcos 10, 17-30
Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible
Gal 2, 1-2. 7-14
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido
Marcos 10, 2-16
Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador.
Lucas 1, 39-56
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios.
San Lucas 8,1
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com
www.soplarsobrelaherida.com.ar
Bienaventuradoslos pobres. ¡Ay de ustedes, los ricos!
Lucas 6, 20-26
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.Marcos 7, 35
La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir «Dios-con-nosotros».
Mateo 1, 23
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com
www.soplarsobrelaherida.com.ar
Les di a beber leche y no alimento sólido, pues aún no lo podían asimilar. Tampoco ahora pueden, pues sus pasiones los siguen dominando. Mientras haya entre ustedes envidias y discordias...
Corintios 3, 1-9
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com
www.soplarsobrelaherida.com.ar
Dios nos conoce por nuestro nombre.
http://soplarsobrelaherida.blogspot.com
www.soplarsobrelaherida.com.ar
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Marcos 6, 1-6
Hazte conocer por mí tal como eres Dios míoy no como yo te empequeñezco.
La gente se había amontonado en la entrada y no había manera de llegar a Jesús. Siempre me impresionó esta escena tantas veces repetida en los Evangelios: Jesús rodeado por algunos que impiden la llegada de los que más lo necesitan. Pero los que llegaron ahora no se dan por vencidos fácilmente, llevan a un paralítico y deciden subirlo por los techos y después descenderlo ante Jesús salteándose así a los que no los dejaban entrar.
Todo hace pensar que eran gente joven, fuerte y ágil. Estaban seguros de lo que querían, confiaban. El transportado y sometido a incomodidades y peligros parece como menos convencido. El sabía cómo estaban sus piernas y la inutilidad de todo ese trajín. Lo podemos imaginar un poco viejo y resentido ante la vida por su suerte.
Logran ponerlo delante de Jesús seguramente entre gestos y gritos de fastidio, especialmente de los que estaba en los primeros lugares.
El Señor, como siempre, sorprende: mirando la fe de ellos (de los jóvenes) le dice a éste (el enfermo), “tus pecados te son perdonados”. Supongo que la mayor sorpresa era de los que se habían tomado todo ese trabajo y del pobre paralítico: no sólo no lo curaba sino que lo ponía en evidencia delante de todo el mundo. Pero algunos fueron más allá: “¿y quien se cree que es este para perdonar pecados?” Entonces sí vino la sorpresa: mirando la incredulidad de esos dijo al paralítico: “Toma tu camilla y vete a tu casa”.
Ahora las puertas se abren, la gente se corre para dejarlo pasar entre murmullos. Cuando empieza a salir “todos daban gloria a Dios”. Los jóvenes desaparecen de la escena y el hombre carga su propia, y ahora inútil, camilla. Por delante una vida nueva e impensada hasta momentos antes. Jesús había mirado la fe de unos y la incredulidad de otros, él solo había aportado su pecado y su enfermedad.
www.joesterheld.com
El Reino de los Cielos, «es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó".
Se ausentó, no hay que pasar rápidamente por encima de esta palabra. SE AUSENTO. Se encomienda una tarea porque hay una ausencia, el dueño de casa se fue. Está presente en la tierra, en el trabajo encomendado, en su retorno anunciado, en los talentos que deja, pero no está físicamente presente.
Sólo se experimenta la ausencia de aquél que se sabe que en algún sitio está, de aquél que ya estuvo, no podemos experimentar la ausencia de lo que no conocemos. No siempre nos damos cuenta, pero para experimentar la ausencia de Dios hay que tener fe en él. Las dos experiencias, presencia y ausencia de Dios, van marcando la vida.
"Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor".
Aquí la tierra no es sinónimo de tierra fértil, se la usa para esconder algo. Nosotros, que somos tierra, también podemos asustarnos y esconder, conservar el talento, preocuparnos por no perder lo conquistado. Es como si pusiéramos esa semilla que recibimos en una caja hermética y luego enterráramos la caja, bien seguros de que jamás un poco de barro va a "ensuciar" la semilla. Pero la semilla reclama el barro (propio y ajeno) para tener sentido.
"Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos." Todos habían multiplicado sus talentos y el que no lo había hecho se disculpa diciendo: "Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo."
No dice que tuvo miedo de su propia debilidad, de su incapacidad, no, usa un conocido recurso: le echa la culpa al señor de la hacienda, es el señor el que actuó mal y el que con su exigencia lo dejó inmóvil, lo paralizó. La respuesta que recibe es dura: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quítenle, por tanto, su talento y dénselo al que tiene los diez talentos".
El dueño de la tierra no permite que el siervo se justifique acusándolo a él de malo y exigente; pone las cosas en su lugar, el malo no es el que da el talento y luego exige. Para este señor lo que tiene el siervo no es parálisis y miedo, sino de pereza. Y si nos ponemos a pensar un poco, muchas veces no es fácil distinguir una cosa de otra. Nosotros también nos engañamos y llamamos parálisis a lo que es solo pereza. Los talentos no son para enterrar sino para sembrar, ambos gestos se parecen, en los dos casos metemos en la tierra, pero no es lo mismo. Enterrar es guardar para nosotros, sembrar, en cambio, es poner en contacto con el barro y "perder" la semilla para tener fruto y poder dar algo.
www.joesterheld.com

![[PLAY]](http://jorgeo.podOmatic.com/img/play_button.gif)


